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Cuando esta alianza se produjo. el canciller alemán había llegado ya al poder por medios parlamentarios -30 de enero de 1933 y establecido inmediatamente una implacable dictadura. |
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Todos los desesperados de una Alemania particularmente golpeada por la recesión económica siguieron sin titubeos la violenta y demagógica doctrina nacionalsocialista, propugnadora de la revisión del Tratado de Versalles por procedimientos defacto. Con una Alemania contenta por el espectacular éxito de sus medidas económicas -pleno empleo, merced a una trepidante política de infraestructura y equipamiento social y por una industria de guerra en total rendimiento-, el Fúhrer pasó pronto, en la esfera internacional, al terreno de la acción.
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En agosto de 1934, la anexión de Austria al Reich estuvo a punto de producirse, una vez que un grupo de nazis hubiera matado al animoso canciller Dollfuss. La réplica inmediata de Mussolini, gran amigo del político democristiano asesinado, lo impidió mediante el establecimiento en el Brennero de varias divisiones italianas. El peligro alemán fue en gran medida el determinante y el aglutinador del frente de Stresa, esto es, la alianza, en abril de 1935, de las grandes potencias signatarias del Pacto de Locarno. La causa de la paz parece asegurada. Sin embargo, pronto volverá a aborrascarse el horizonte. En mayo, París y Moscú, el derechista Laval y el zar rojo, vuelven a provocar la sorpresa y la alarma en las esferas internacionales al firmar un tratado de asistencia mutua. A manera de respuesta, Inglaterra, que tardará en desatracar de su germanofilia de la posguerra, estipulara al mes siguiente un tratado naval con el régimen de Hitler, |
reconociendo su derecho a poseer una flota, bien que reducida a menos de la mitad de la británica.
Hendido el frente de Stresa, Hitler, fortalecido, además, con el aplastante plebiscito hacia su régimen que supuso la vuelta del Sarre a la patria alemana (enero de 1935), adoptará una audaz medida, saldada con el éxito. En marzo de 1936, confiado en la pasividad de las grandes democracias y so pretexto de que la ratificación del tratado franco-ruso (2 de mayo de 1935) atentaba contra el acuerdo de Locarno, el Ejército alemán ocupaba la orilla izquierda del Rin sin suscitar réplica alguna.
| La situación en Gran Bretaña y Francia no era, en verdad, la más favorable para responder a la fuerza con la fuerza. El triunfo del Frente Popular en España -16 de febrero de 1936- había demostrado la excelencia de la receta preconizada en el VII Congreso de la Komintern -agosto 1935- del abandono de la vieja fórmula de clase contra clase -que había tenido, entre otros, el efecto de colaborar decisivamente en el triunfo del nazismo en Alemania , sustituida por la alianza de todas las fuerzas democráticas frente al fascismo, la táctica de «bloque contra bloque». |
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En medio de una Francia muy convulsionada por los antagonismos políticos y los enfrentamientos sociales, la izquierda vio igualmente en la formación de un gobierno frente populista el mejor dique a la marca de los totalitarismos, Sin embargo, el estadio aún incipiente de la cristalización de dicha idea y, sobre todo, el pacifismo a ultranza de su opinión pública anularán cualquier posibilidad de una contrarréplica a la ocupación de Renania, que implicaba la aceptación de la remilitarización alemana y del hundimiento total del estado de cosas surgido de Versalles.
Pese a la inferioridad en todos los terrenos de la Wehrmatch frente al ejército francés en estos meses iniciales de 1936, el espíritu de ofensiva había desaparecido por completo del Estado Mayor galo, afanoso únicamente de preservar al hexágono de una nueva y futura invasión alemana mediante unas sólidas líneas de defensa, que alcanzaron su mejor expresión en la célebre Línea Maginot, acabada de erigir por aquellos días después de unos inmensos dispendios materiales.
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