MUNICH


Con matemática precisión, medio año más tarde, el dictador germano volvió a maniobrar con destreza en el difícil teneno centroeuropeo para alcanzar la segunda de sus grandes metas. Manipulados convenientemente por núcleos nazis, los habitantes alemanes del territorio checo de los Sudetes -vejados en ocasiones- declararon su incontinente deseo de volver a formar parte del Reich. En la crisis internacional abierta por las francas manifestaciones expansionistas de Hitler a comienzos del ya mencionado año de 1938, cl gabinete británico presioné fuertemente a los dignatarios checos para que cediesen a las pretensiones del Fúhrer.

Hitler en Munich

París secundó inmediatamente la iniciativa londinense, con desagrado y sorpresa de Praga, que confiaba en su alianza con Francia. Para impedir cualquier movimiento en falso que pudiera provocar una crisis de gran envergadura, Mussolini logró que las dos grandes democracias europeas y el dictador alemán aceptaran su propuesta de una conferencia de paz.

Celebrada en Munich a finales de aquel mes (29 y 30), sin presencia alguna del gobierno checo, sus participantes acordaron la incorporación por etapas de los Sudetes al III Reich, cuyo Fúhrer proclamaba a continuación

solemnemente la renuncia a cualquier reivindicación territorial ulterior. 26. Como expresivo símbolo del alivio de la opinión pública de las democracias, bastará recordar la recepción triunfal con que fuera acogido Chamberlain a su regreso a Londres, siendo insólitamente esperado en el aeropuerto por el monarca Jorge VI. Y el recibimiento no menos triunfal de Daladier en París, a quien le sería donada posteriormente una regia mansión mediante una suscripción popular. 27

El evento de Munich no pudo dejar de ser rico en consecuencias. Aparte de las experimentadas en el cuerpo social de los países protagonistas, acaso las más importantes fueran las repercusiones en la Unión Soviética. Marginada de la conferencia, su aislamiento se intensificó, con gran temor de Stalin, quien sospechaba que las democracias desviarían el rearme alemán hacia la Unión Soviética. Munich significaba, ademas un golpe de muerte a la política de seguridad colectiva preconizada por Litvinov en la Sociedad de Naciones, así como la prueba ostensible, una vez más, de que Londres y París se habían echado atrás a la hora de mantener un compromiso con un aliado de Francia y Rusia. De ahf, que a partir de entonces, según una opinión muy extendida en ciertos medios bistoriográficos, el zar rojo concediese prioridad absoluta a un pacto con el nazismo que neutralizase la inminente amenaza.

Otras secuelas de indudable importancia nos quedan por apuntar. Desde el otoño de 1938, el Kremlin perdió interés por el curso de la guerra civil española. Ésta no sería el detonador que indujese a una postura más firme de Inglaterra o Francia. Tampoco servía ya para que la atención del Eje se concentrase tejos de las fronteras soviéticas. Y, en último término, había demostrado que el apoyo fascista a Franco no había debilitado el rearme alemán.

A pesar de ello, durante el mes de enero de 1939, el problema

Hitler pasando revista

Hitler pasando revista

hispano ocupa un lugar dominante en las preocupaciones de París. Los simpatizantes de La República hacen nuevos intentos para ayudarla. La frontera se reabre para permitir el paso de más material soviético; pero ni Daladier ni Eonnet tienen objeciones a la victoria de Franco, bien que el titular del Quai d'Orsay llega a convertirse, a causa de España, en el miembro más vulnerable del Gobierno. En las conversaciones anglo-italianas del 12 y 13 de enero, que llevan a Chamberlain y Halifax a Roma en un intento a tumba abierta por apartar a ésta de toda veleidad bélica, Mussolini amenaza con contrarrestar cualquier intervención francesa con más refuerzos, que, de todas maneras, envió. Los ingleses no replicaron y trasladaron el problema a París. Las secuelas de una acción francesa, señaló Halifax, serían imprevisibles. En consecuencia, el gobierno británico rogaba al francés no tomar ninguna iniciativa sin consultar previamente con él. Muy pronto, uno y otro reconocerían a Franco (27 de febrero).


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© 1999 Juan Luis Jimeno juanluis124@hotmail.com/ Madrid (España)

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